Pandemia, familiares y auxiliares en las residencias y geriátricos

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Carmen Tovar es membre de la Plataforma de la Sanitat Publica del Baix Valles en La Llagosta

 

 

 

 

 

A finales de marzo, nos enteramos por los medios de información que la UME habían entrado en una residencia en Madrid donde se encontraron una situación dantesca con los residentes.

A partir de aquí, empezó a destaparse todo lo que estaba pasando en muchas de las residencias de todo el Estado español.

Los movimientos sociales y, familiares a nivel particular, llevan años denunciando esta situación, sin que ninguna administración les haya hecho caso.

Hemos visto de forma terrorífica la situación que muchos residentes y sus familias han tenido que vivir.

La semana del 9 de marzo, aquí, en Catalunya, se comunicó a todas las familias que por orden de la Generalitat y que, por prevención, no podían ir a ver a sus padres hasta nueva orden y a fecha de hoy siguen sin poder ir a verlos, Las familias desde ese momento confiaron en el buen hacer de las direcciones y trabajadoras de los centros. Ha habido centros que ha funcionado en otros no.

Pero fue esa semana cuando el pánico entró en acción en las familias, viendo las noticias, viendo que muchas de esas residencias eran como una casa del terror, viendo como gente se despedía de sus padres a través de un ordenador o una table o un móvil y muchas familias ni eso, y como no, una auxiliar los acompañaba en ese doloroso trance.

También se tiene que contar que muchas residencias han cumplido y están cumpliendo, centros donde el covid19 no ha entrado y han puesto todos los medios (disponibles) en materia de prevención.

Si hay algo positivo en todo este horror, es que estamos empezando a valorar a esas profesionales, las auxiliares, que ahora son imprescindibles, las que de una forma despectivas se les ha llegado a calificar de “limpia culos”.

Estas trabajadoras, la mayoría mujeres, están en una situación de las más precarias del mundo laboral. Sus nóminas no llegan a 1.000 euros, son lo más parecido a un mulo de carga por el sobre esfuerzo físico que realizan durante sus jornadas laborales, muchas de ellas van a trabajar con alguna dosis de ibuprofeno, paracetamol, ansiolíticos o relajantes musculares, para poder sobrellevar este trabajo y, aun así, realizan su trabajo por vocación, por empatía y por qué no decirlo, por “amor” a nuestros mayores (hay mayores que su única familia es ellas).

Estas mujeres y profesionales, trabajan con una ratio mínima para una cantidad de residentes casi rozando lo ilegal, donde antes del 2011 había 4 trabajadoras, desde los recortes, dejaron a 2 o 1 y todo esto en connivencia con los gobiernos autonómicos y patronal del sector.

De todo esto debemos sacar una conclusión: para que nuestros mayores estén bien cuidados, para que su vejez en residencias sean las más dignas posibles, debemos proteger a nuestras profesionales del sector de la geriatría y de la dependencia, debemos blindar y proteger los servicios a nuestros mayores, tenemos que exigir que estos centros los absorba la administración pública, como los otros dos pilares de nuestra sociedad, la educación y la sanidad.
Y por último les doy un aplauso
muy fuerte.

Carmen Tovar es membre de la Plataforma de la Sanitat Publica del Baix Valles en La Llagosta

 

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